Cuba, un invitado inesperado al escenario macroeconómico

El conjunto de acontecimientos inesperados que han sacudido el año 2016 ha sido positivo y ha provocado que la macroeconomía viva una situación considerablemente mejor de lo previsto por los analistas. A pesar de ellos, cambios internacionales como la victoria de Trump abren la puerta a nuevas situaciones ante las que cabe estar atentos, como, por ejemplo, la nueva etapa en las relaciones entre EEUU y Cuba. Repasamos algunas de las claves a tener en cuenta para entender el nuevo escenario.

Recapitulemos por un momento dónde se encontraba el consenso global macroeconómico y sus preocupaciones a primeros de 2016 y los acontecimientos que finalmente trascendieron ese año.

El tono general era de cautela. Asistíamos a un elevado nivel de incertidumbre sobre el crecimiento mundial. En el caso de China, se cuestionaba si más que una desaceleración controlada, ante una esperada rebaja del PIB desde el 7% al 6,5%, se produciría una abrupta desaceleración a niveles más cercanos al 4,5% con el consiguiente golpetazo que supondría para el resto de economías. A su vez, se mantenía la incertidumbre sobre los bajo niveles que podría alcanzar el petróleo.

Se observaba una guerra de mantenimiento de cuotas de mercado. A todo ello, se añadía la incertidumbre de la FED, la cual, unas semanas antes, concretamente el 16 de diciembre de 2015, realizaba un cambio en su política monetaria y materializaba su primera subida de tipos. Los llamadas “FED Fund Target Rate” fueron subidos un 0,25% dejándolos en el rango de 0,25%-0,50%. Para observar la última modificación por parte de la FED, teníamos que remontarnos al 16 de diciembre de 2008, cuando la crisis de Lehman Brothers y AIG llevó a los tipos a su nivel, históricament, más bajo, dejándolos en el rango de 0,0%-0,25%. ¡Habían transcurrido, nada más y nada menos, que ocho años sin tocarlos! Todo esto se traducía en unos mercados a mediados de febrero de 2016, con un S&P 500 en -10%, emergentes a -12%, petróleo por debajo de 30$ y VIX a nivel de 26%.

En todos estos aspectos, no supimos prever el Brexit, en el segundo trimestre del 2016, ni un posible acuerdo de producción por parte de la OPEP, ni que Europa, y menos aún España, fuera a crecer al buen ritmo que ha marcado el cuarto trimestre del 2016. Tampoco, que un resultado político en la Casa Blanca fuera a poner en jaque, ya en 2017, amplios acuerdos económicos largamente elaborados - durante ocho años, precisamente -  como es el caso del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) que representa el 40% de la economía mundial y un 25,9% del comercio global. Cerramos el año 2016 mucho mejor de lo previsto en el consenso, con el S&P/Emergentes + 10%, petróleo $52 y VIX a 14%.

Y ahora que ya estamos en el inicio del 2017, volvemos a esa cautela sobre el crecimiento del PIB global (2,2% EEUU, 1,8% Eurozona, 6,5% China) al igual que en el 2016, si bien, añadimos un vuelvo relevante en el sesgo de las expectativas de inflación, viendo algo las “orejas al lobo”, pasando de preocupaciones deflacionista a inflacionista, tanto la general como la subyacente.

La evolución positiva del “capex” de inversión de las empresas a lo largo del 2016 (excepto en el sector petrolero) tanto en EEUU como en Europa, apunta buenas maneras y optimismo por parte de sus gestores en cuanto a la esperada demanda creciente de sus servicios. En estos días tendremos la publicación de resultados del 4º trimestre de 2016 y más relevante incluso, sus expectativas y cautelas. Prestemos menos atención a los Bancos Centrales y/o encuestas electorales, aún a pesar de que en Europa, a lo largo del 2017, tendremos casi el 45% del PIB Europeo sometido a elecciones, y más a la evolución de esos resultados empresariales. Por su parte, Donald Trump, como no, también nos podrá aportar su dosis de volatilidad, con temas de modificación de regulaciones financieras, como la muy trabajada ley Dodd-Frank Act, sus estímulos fiscales o de inversión en infraestructuras.

A pesar de todas nuestras buenas intenciones de pronósticos, como hemos podido constatar al final de 2016, de poco nos sirve pensar dónde estarán los nubarrones porque la variabilidad y rapidez de los acontecimientos es la nota predominante en este nuevo entorno macroeconómico globalizado donde lo relevantes es poder adaptarse, tener una visión de largo plazo que acepte improvistos en el corto, junto con un equipo humano entregado a la causa. Surgirán nuevos acontecimientos, que tendrán una mayor influencia de lo inicialmente previsto en el devenir de los mercados. Lo importante es que el mundo, en general, seguirá creciendo debido en gran parte a ese auge poblacional y progreso económico de países de gran tamaño como China, India, Indonesia, Tailandia y con la aportación de EEUU y Europa.

Cuba tierra de oportunidades

No podría finalizar este artículo sin escribir unas líneas sobre un acontecimiento, iniciado a finales del 2016, que dará mucho que hablar entre los inversores para el 2017 y siguientes. Me refiero, al acercamiento de relaciones entre el gobierno de Cuba y EEUU, y al hecho que la Unión Europea también derogará la llamada "posición común", a fin de normalizar sus relaciones. Estos hitos se desarrollarán, si bien es cierto, que lo harán más pausadamente. Debemos tener presente que con la Ley 118/2014 de Inversión Extranjera, se afrontan temas relevantes sobre modalidades de inversión extranjera, del Régimen Laboral y Régimen Especial de Tributación que marcan un mayor dinamismo para el desarrollo macroeconómico de la isla. A su vez, el régimen de “Zona Especial de Desarrollo de Mariel” también supone un claro empuje a la captación de nuevos recursos de capital.

Cuba, que cuenta con una población de 11,2 millones de habitantes, altamente cualificada (12,8% de su PIB se destina a educación), experimentará un aumento exponencial en la entrada de turistas, muy por encima de los 4 millones de 2016. Tanto la población local como los turistas, requerirán un mayor consumo en bienes y servicios. Las oportunidades de inversión son amplias y de largo recorrido. Los inversores españoles debido a su cercanía cultural histórica y lingüística deberían tener un papel relevante en todo este proceso de reflotamiento de su economía.

Fuente: Citywire