Desde el año 2010, momento en el que nuestra prima de riesgo empezó a aumentar de forma insostenible, hemos estado jugando una partida realmente peligrosa. Amagábamos con hacer los recortes exigidos por Europa para reducir nuestro déficit público, pero realmente las medidas adoptadas no han tenido la envergadura que se requería: nuestro déficit pasó de niveles del 9,30% sobre el producto interior bruto en el 2010 al 8,90% en el 2011 y, probablemente, estaremos cerca del 7% en el 2012. Eso supone un recorte de tan sólo unos 2,30 puntos del producto interior bruto, lo que representa poco más de un punto porcentual por año.

Cuando observo los mercados de valores me viene a lamente las clases de física de  mi infancia. Recuerdo cómo el profesor nos mostraba el principio de Pascal, formulado en el siglo XVII por el físico al que debe su nombre, mediante el cual la presión ejercida en un líquido  se transmite con la misma fuerza en todas direcciones. Para demostrarlo utilizaba una especie   de balón rígido con pequeños agujeros. Por la parte superior introducía agua y ejercía presión para demostrar que el agua salía por todos los agujeros con la misma intensidad.

Como muchos aficionados a la música saben, 440 es el tono o altura generalmente aceptado para afinar instrumentos. Hace referencia al sonido que produce una vibración a 440 hertzios, la cual debe corresponder, por convención internacional, a la nota musical la que se encuentra a la derecha del do central de un piano. Pues parece ser que la UE insiste en “afinar” nuestro déficit para el 2012 a 440 puntos básicos (pb) o, lo que es lo mismo, a 4,40% Y créanme, además de no ser posible, no es lo más idóneo en las circunstancias actuales.

De todos es sabido que nuestro futuro depende de abordar profundos cambios en diferentes ámbitos: reforma del Estado para reducir los costes derivados de una administración claramente sobredimensionada en momentos de bonanza, reforma laboral que elimine las rigideces que provocan un nivel de desempleo superior al 20%, reforma sanitaria que garantice prestaciones adecuadas dentro de nuestras posibilidades, reforma financiera que consolide el proceso iniciado hace dos años...

El Despropósito

Una vez más, el Consejo Europeo acaba sin acuerdos de calado. Los intereses particulares (de los países) han predominado sobre los generales (de Europa). Debo reconocer que, a estas alturas, no esperaba gran cosa. Y créanme, a esta alturas necesitábamos medidas claras, concretas y con impacto en el corto plazo.

Estamos viviendo el momento más convulso de la historia financiera reciente. Durante los últimos 80 años, ni Europa, en general, ni las economías desarrolladas que la componen, en particular, se habían encontrado tan cerca del abismo como actualmente. Las bolsas de la Unión Europea se desploman y los inversores buscan refugio en los bonos de los países considerados más solventes, provocando unos diferenciales de rentabilidad difícilmente sostenibles.

Sin duda, los próximos meses serán muy animados en nuestro mercado de valores. Hace tres días, el Banco de España publicó las necesidades de capital adicional de bancos y cajas para alcanzar los requerimientos definidos en el real decreto 2/2011, cifradas en unos 15.000 millones de euros. Entidades como Bankia, Banca Cívica, Catalunya Caixa, Banco Base o Nova Caixa Galicia acudirán al mercado de valores en busca de recursos que les permitan cumplir los niveles marcados por el Banco de España.

Durante los últimos meses no existe una palabra más utilizada que “intervención”. Cuando salgo de casa los habituales tertulianos adscritos a las diferentes emisoras de radio la manejan profusamente, en la prensa es utilizada por los principales columnistas, Google muestra 13,5 millones de resultados al consultar “intervención de España”, e  incluso mis amigos, en los pocos momentos que logramos pasar juntos, me preguntan: ¿seremos intervenidos?.

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